Nuestro nombre nace de una verdad que ha marcado esta iglesia desde el principio: Dios llama a Su pueblo, le da una nueva identidad y lo envía para anunciar Sus maravillas.
Hace más de dos décadas, esa convicción tomó forma en Villa de San Antonio, donde Dios levantó una obra para compartir el evangelio, formar discípulos y servir a las familias.
En 2018, Él abrió una nueva puerta en Comayagua. Lo que comenzó con unas pocas familias fue creciendo mientras Dios reunía a hondureños, estadounidenses y personas de distintas culturas e idiomas alrededor de una misma fe.
Hoy seguimos viviendo ese llamado: amar, servir y testificar de Aquel que nos llamó de las tinieblas a Su luz.
Nuestra historia es, sobre todo, la historia de la fidelidad de Dios.